En época de recortes, crisis y depresión, el mismo individuo recorta a la hora de opinar. Crisis morales, crisis sociales, crisis políticas, bancarias, económicas, crisis ideológicas y demás variantes englobadas en esa palabra tan de moda. Depresión psicológica, depresión del entorno, depresión de la población y del progreso; múltiples subgéneros del contemporáneo género. RECORTES... en las expectativas, en el futuro, en la ilusión, en la vocación, en el avance, en el conocimiento, en la innovación, en la investigación, en el respeto, en la confianza, en la tranquilidad, en el arte, en la literatura, en la poesía, en la libertad y en la vida.
Hemos llegado a una situación en la que todos, al igual que yo, nos sentimos recortados, nos sentimos humillados y vapuleados. Nos truncan las salidas y entorpecen el continuar. Yo mismo me siento sugestionado por la dilación del inminente y trágico desenlace de todo esto.
Unos piensan en emigrar y otros en elaborar ideologías neo-fascistas con políticas destructivas y austeras para ''estabilizar'' la situación. Los que abandonen esto lo empeorarán, y eso significará la ausencia del más mínimo nexo con la cultura y con el pueblo, con la sociedad. Sería la expresión del menor de los nacionalismos, de la menor de las sensibilidades hacia lo que algún día estuvo bien, construido por personas de bien, inocentes de las fatales subjetivaciones. En cuanto al segundo grupo no me pronunciaré por respeto a mí mismo.
¿Conclusiones? Incremento de lo pésimo y disminución de lo decente/mediocre, y así hasta que el destino se compadezca y se canse de experimentar con los palurdos prepotentes que al fin y al cabo somos.
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