encendiste la noche
Activaste el mejor albor
guardabas sonrisas en el coche
Tus manos se llamaban utopías
mis células estaban seducidas
Cambiaste delirios por caricias
mataste mi cordura -a veces- excesiva
lanzabas flechas llenas de ternura, tensabas primero el arco, te acercabas mucho y disparabas; y así enlazabas besos con sonrisas, intercalabas arcos entre cada disparo, entre caba beso.
