sexta-feira, 24 de agosto de 2012

La impotencia no es simple...

Se te mete en el subconsciente, barniza sus paredes e impermeabiliza la evasión. Podrece cada ligamento entre tu sonrisa y la realidad. Te araña las entrañas. Te quiebra los pensamientos y congela tu moral. Hace caducar cada buena iniciativa. Te anuda el estómago y encadena tu voluntad. Refleja lo peor de ti. Estira cada salida y se va, te arrastra, te deja tirado a medio camino. Cuando tienes ya el barro debajo de la lengua, puedes salir. Progresivamente, decreciendo, se fue yendo. Volvía la mirada y sonreía pícara. Esa es la peor parte de la impotencia...

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