domingo, 21 de outubro de 2012

Tenemos lo que nos merecemos.


Escribo desde el asedio de un sofá en el que se confunden los sonidos de las teclas voraces con el de los aplausos a un líder electoral hipócrita, ignorante y fascista. Las piernas pasean por las calles, los brazos ondean banderas nacionalistas, republicanas y comunistas…mientras miles de personas se niegan a sacar su cerebro a pasear y prefieren una buena contusión contra la resignación, una urna equivocada, una autodestrucción disfrazada. Galicia hoy se ha sentenciado. Los gallegos se han chocado de frente con la libertad, que venía de vuelta. Los pasos que nunca nos han dejado dar hacia delante, nos hemos esmerado en retrocederlos. Galicia se viste de ignorancia hasta la peineta, no es nada transparente, está turbia. Estamos en una postura agazapada, incluso a la defensiva, temiéndonos lo peor. ¿Y sabéis que es lo peor? Que para cambiar la política hay que cambiar la sociedad. Y limpiar la suciedad que hay en la sociedad, que es lo que la hace turbia, es algo muy difícil.

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