Escribo desde el asedio de un sofá en el que se confunden
los sonidos de las teclas voraces con el de los aplausos a un líder electoral
hipócrita, ignorante y fascista. Las piernas pasean por las calles, los brazos
ondean banderas nacionalistas, republicanas y comunistas…mientras miles de
personas se niegan a sacar su cerebro a pasear y prefieren una buena contusión
contra la resignación, una urna equivocada, una autodestrucción disfrazada.
Galicia hoy se ha sentenciado. Los gallegos se han chocado de frente con la
libertad, que venía de vuelta. Los pasos que nunca nos han dejado dar hacia
delante, nos hemos esmerado en retrocederlos. Galicia se viste de ignorancia
hasta la peineta, no es nada transparente, está turbia. Estamos en una postura
agazapada, incluso a la defensiva, temiéndonos lo peor. ¿Y sabéis que es lo
peor? Que para cambiar la política hay que cambiar la sociedad. Y limpiar la
suciedad que hay en la sociedad, que es lo que la hace turbia, es algo muy difícil.
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